lunes, junio 25, 2007

EL PRINCIPIO ANTRÓPICO.

EL PRINCIPIO ANTRÓPICO


Propone que el hecho de que el universo albergue a observadores inteligentes pone restricciones a la diversidad de posibles comienzos del mismo, así como a las leyes que podrían haber regido su desarrollo. O sea, el universo tiene las propiedades que se observan hoy día porque, si inicialmente hubiesen sido muy diferentes, no estaríamos aquí para contarlo.
Esta manera de razonar es totalmente distinta a la deductiva, que parte de especificar las condiciones de un sistema físico y las leyes de la naturaleza que se le aplican para, al aplicar la teoría, predecir a continuación el subsiguiente estado del sistema.
Ya que en la Cosmología se desconocen las condiciones iniciales del universo y son inciertas las leyes físicas que operaban en esos instantes, tal vez, la única forma de intentar reconstruir esas condiciones iniciales y sus correspondientes leyes físicas, es imponer el requisito de que tales condiciones y leyes den origen a un universo habitado y en particular el mundo que observamos. Y esto no es más que el citado Principio Antrópico (del griego anthropos, hombre), principio que fue introducido por Robert H. Dicke, de la Universidad de Princeton, en 1961, al analizar un trabajo realizado por el físico Dirac trienta años antes sobre relaciones entre magnitudes de constantes físicas relativas a fuerza, tiempo y masa.
Hay aspectos llamativos en las aplicaciones que se han realizado del Principio Antrópico.
Por ejemplo, Collins y Hawking, de la Universidad de Cambridge, concluyeron que puesto que "la existencia de galaxias parece ser una condición previa necesaria para el desarrollo de cualquier forma de vida inteligente... el hecho de que hayamos observado que el universo es isótropo, solamente es, por tanto, una consecuencia de nuestra existencia".
Y es que sus cálculos habían concluido que de todos los universos que tuvieran todas las condiciones iniciales posibles, incluidos todos los valores de la velocidad de recesión, el único universo en el que la materia podría, a la vez, formar galaxias y exhibir isotropía a gran escala era un universo cuya velocidad de recesión -velocidad a la que el universo va expandiéndose- fuese igual a la velocidad de escape -velocidad a la que los cuerpos pueden escapar de la atracción gravitatoria- (Es decir, un universo "privilegiadísimo", donde la velocidad de recesión tenía ese valor decisivo entresacado de una serie de infinitas posibilidades).
Wheeler, al definir la realidad como aquello que es observado (la interpretación más común de la Mecánica Cuántica), y en la que el observador contribuye a la misma por el acto mismo de observación, y al concluir que para que un universo sea real ha de evolucionar de forma que en él puedan llegar a existir observadores, entra de lleno en el Principio Antrópico. Así, afirma que: "jamás se ha dado razón alguna de por qué ciertas constantes y condiciones iniciales tienen los valores que tienen, excepto la de que, de no ser así, algo como nuestra capacidad de observadores, según la conocemos, sería imposible".
Wheeler rechaza la idea general de que la vida y la capacidad de observación son meros accidentes en un universo independiente de los observadores, por el contrario, en su criterio: "la Mecánica Cuántica nos ha obligado a tomar en serio y a sopesar la opinión, directamente opuesta, de que tan esencial es el observador para la creación del universo como el universo para la creación del observador".

martes, junio 19, 2007

PROPIEDADES DEL VACÍO EN EL UNIVERSO SUSTENTADOR DE VIDA

PROPIEDADES DEL VACÍO EN EL UNIVERSO SUSTENTADOR DE VIDA
(de la obra "La alfombra mágica")

En los siguientes razonamientos no discutiremos la oportunidad del planteamiento antrópico, simplemente afirmamos que el universo en el que estamos inmersos, en ese momento anterior al Big Bang, es decir, el vacío del que surgió, tiene propiedades tan precisas, tan justamente interrelacionadas, con un ajuste tan fino que casi parece mágico, de ahí el nombre del presente trabajo: "La alfombra mágica".
No vamos aquí a transcribir todas y cada una de las constantes físicas de nuestro universo cuya variación en lo más mínimo haría inconcebible nuestra presencia actual, y ante lo cual estarían de más estas especulaciones.
No sólo queremos resaltar el hecho anterior, sino otro que demasiado frecuentemente pasamos por alto. En el universo que nos rodea existen "campos no materiales" que "orientan" a la vida en su expansión Esta es la sorprendente conclusión expresada en mi obra anterior: "El parto de Dios".
El paso de la Nada a lo creado (ese balbuceo imperceptible del mismo azar), una vez en marcha el movimiento, inevitablemente, y a través del fenómeno invertible del tiempo en los entes, produce el abanico de posibilidades que forman la "pirámide de enmarque". Con ello, toda la potencia del Ser Supremo queda desplegada y sus tentáculos son perceptibles en todo lo existente y a lo largo de todo el tiempo; su despliegue en la inversión del tiempo inunda, entonces, el mismo origen de la Creación. De esta forma, la Criatura Divina dirige, de un modo indirecto, todo el desarrollo evolutivo. Resultado de ello es que el "sustrato común" (la alfombra mágica), está atravesado de punta a punta por estas autopistas de la Evolución, esos "faros" o referencias que van conduciendo a los entes.
Todas estas conclusiones quedan reflejadas en los dos libros anteriores del autor: "Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica", y "El parto de Dios". Ambos libros serán base sustancial de los dos capítulos siguientes.

jueves, junio 14, 2007

LA CREACIÓN DE LOS ENTES ( y II)

LA CREACIÓN DE LOS ENTES (y II)


A la pregunta de por qué el ente "habitante" de cierta estructura corporal con un cierto nivel de complejidad, tiene su potencialidad de desarrollo menor que la de otros, habría que decir que es una cuestión mal planteada. El "ente inicial" de cualquier estructura es idéntico en todos los casos, pues la estructura corporal no tiene "identidad", no es el ente. La cuestión hay que plantearla al revés. Son los entes los que se "acomodan" a la estructura corporal que por su complejidad les conviene, y esto es así porque los entes sí tienen esa identidad, ausente en cualquier materia por compleja que sea su estructura. Así, el resultado final es que toda "partícula de la Nada" tiene las mismas potencialidades de desarrollo esencial: es tan sólo la "voluntad" de acercamiento al Ser Supremo lo que produce el "autocrecimiento" del ente, y ese desarrollo supone un "parto doloroso" en una lucha continua sobre sí mismo, sobre su mismo origen que es esa Nada.
Acabamos de recalar, sin querer, en algo sumamente importante. El concepto de Historia tal como la conocemos es bastante ficticio. La evolución histórica humana está concebida sobre aspectos externos o aparentes que nada tienen que ver con los entes. El camino del ente es por completo diferente. Son los entes, que antes de su aparición son la Nada, los que se "colocan" en el universo, en el tiempo, según su sustancia, su desarrollo o su esencia, que para el caso es lo mismo. La aparición del ente como dualidad sentimiento-información, completamente inseparable, hace que a cada estructura corporal corresponda un ente determinado. La estructura material corporal es la Nada, desprovista de identidad, pero el ente sí la tiene; es, pues, él quien posee la prioridad en cuanto a su "ajuste" con la estructura material que le corresponde. El ente se "ajusta" como un guante a la estructura material correspondiente. Como el ente se autocrea, según la "voluntad" que pone en su acercamiento al Ser Supremo, a su "potencia" (su esencia) le corresponde una estructura material (cuerpo), cuya complejidad o grado de desarrollo requiere un lugar determinado en la Evolución, y por consiguiente, un tipo de estructura (especie) y un momento (tiempo) precisos. El ente, por tanto, se coloca en la historia del universo de una forma que corresponde a la perfección a su verdadera esencia. Por contra, la historia del universo que conoce el hombre es la que marca la evolución biológica, la evolución de su estructura material.
Así que, al final queda contestada la pregunta original. Los "merecimientos" de cada ente, aquel dolor de "parto" de su "autocreación", sitúa a cada uno de ellos en la complejidad estructural material que corresponde a su nivel: sólo él mismo es responsable de su "situación". El azar no es el causante de nuestras posibles limitaciones, somos nosotros mismos.

miércoles, junio 06, 2007

LA CREACIÓN DE LOS ENTES (I)

LA CREACIÓN DE LOS ENTES (I)


La aparición del ente en el universo, corresponda ese instante a cualquier época, se produce de igual modo en todos los casos: a partir de una "partícula" de la Nada. El ente tiene que "empezar" su "autocreación" desde el mínimo que representa, primero aquella "mirada" hacia afuera explicada anteriormente (en "El problema de la Nada"), y segundo el sentimiento de "su ser". Esos inicios son los mismos para todos los entes, con independencia de la estructura material que los sustente. La posterior diferenciación depende de varios factores. En primer lugar, evidentemente, la citada complejidad de la estructura material de su corporeidad, cuyo efecto se refleja en un desarrollo más o menos acelerado de la "esencia" de dicho ente. En segundo lugar, la "voluntad" del propio ente que marcará el resto, haciendo bueno aquel adagio que dice que cada uno es lo quiere ser.
Mas, analicemos mejor lo que estamos diciendo. Una cosa es el desarrollo en cuanto a "complejidad" (estructura material) del ente, y otro la sustancia o esencia del mismo, mucho más marcada por su "voluntad".
Si el ente nace de una partícula de la Nada, la complejidad de su estructura corpórea no va a ser "decisiva" en cuanto a su esencia. Quizás, primero deberíamos indicar lo que entendemos significa la esencia de la que hablamos.
La muerte de una criatura es a nuestros ojos una vuelta a la nada de la que partió, y aquí no vale la complejidad de su estructura, pues su descomposición final es una evidencia. Sin embargo, en nuestra opinión, esto no es lo que acontece. A la muerte de cada criatura sigue quedando un "rescoldo" o "resto" de la misma: es lo que llamamos su esencia, que tiene que ver con otra realidad distinta de la que perciben nuestros ojos.
Toda criatura nace con una estructura corporal más o menos compleja, estructura que puede ser muy diferente en unos u otros casos, tanto como varios órdenes de magnitud si cuantificamos esta complejidad. Sin embargo, al final, a la muerte, el destino de todas esas estructuras es el mismo: su descomposición o aniquilación. Si la esencia del ente tuviera que ver con su estructura, la ausencia de la última tras la muerte de la criatura equivaldría a la "ausencia" de la esencia: el mismo ente sería la Nada.
Nuestra creencia es que el paso por el universo de los entes para nada equivale a la intrascendencia apuntada. Por el contrario, a nuestro juicio, el paso de las criaturas por el universo es totalmente trascendental, tanto que se "auto" dan su propia esencia, de carácter imperecedero, consecuencia de la otra "dimensión" (no física) en que vive.
Si la complejidad estructural "corporal" no hace crecer, "per se", a esta sustancia o esencia, ¿qué permite su desarrollo? A esto hay que contestar que es la "voluntad", el ejercicio de la "libertad" propia del ente, la que hace incrementar o desarrollar esa esencia.
Aún así, hay que aclarar una cuestión. Y es que, sí es importante la complejidad estructural del organismo, ahora bien, esto tiene sus matices. La complejidad estructural da mayor "potencialidad" al proceso de desarrollo del ente, pero sólo potencialidad. Mas esa potencialidad tiene un "coste". Ese "coste" es el "trabajo" que tiene que realizar el ente "contra sí mismo" para "lograr" ese nivel esencial que le "permite" su complejidad estructural. No obstante ese nivel esencial no es en modo alguno fijo, pues puede "expandirse" grandemente, aunque no de un modo indefinido.

sábado, junio 02, 2007

EL PROBLEMA DE LA NADA (y III)

EL PROBLEMA DE LA NADA (y III)


El "ser" que se asoma a través de la ventana, en un principio, es como un ojo, un espectador que "sólo" ve fuera, nada hacia adentro. Es la "vivencia" de lo externo, la observación de las "reglas" que van aconteciendo, lo que le lleva a "verse" a sí mismo, a tener conciencia del "yo" y "lo otro", lo que inicialmente sólo era lo "externo", lo único que se presentaba ante sí. Recapacitando, la situación inicial de la criatura, desde un punto de vista general, es idéntica para el ser dotado de un organismo complejo que para el más insignificante, el que representa ese "balbuceo" que sigue a la inmediata "creación" a partir de la Nada, la de los primeros contrarios, la "casi" nada que sigue a la misma Nada en el acto de "creación" ¿No será la misma Nada la que "reposa" en la "esencia inicial" de todo organismo, desde el más simple al más complejo? Para toda criatura el "empezar a vivir" se asemeja en su actitud a la del observador que mira a través de una ventana, empezando, así, a "conocer el mundo". Ante este acontecimiento la circunstancia de la mayor o menor complejidad de la estructura corporal de la criatura es indiferente: el origen es el mismo para todas, la "nada en sí". Claro está, de inmediato lo externo empieza a "entrar" en la "esencia" de ese ser, se va llenando del mismo; la "esencia" lo va asimilando, "sublimando" a través de sí. El resultado es la aparición de la conciencia de sí mismo y de lo otro; con ello la "esencia" empieza a ser, a construirse: de la Nada va apareciendo el ser.
El observador que mira a través de la ventana, asimilando, como hemos dicho, "casi" a la misma Nada, "posee" al menos la capacidad de asimilar información, lo que llamamos "el darse cuenta", y el sentimiento de "efectividad conservativa" llamado "agrado-desagrado". Todo esto tiene validez hasta para el organismo más insignificante o simple, aunque "vivo" (tomando el sentido de vida más amplio posible y trascendental, por encima, incluso, del reconocido por la Ciencia).
De la Nada y por "azar", o por la "oscilación inicial" más básica que se conoce (asimilable a la inestabilidad cuántica del vacío) que propició la aparición de los contrarios, apareció el ente, con las características propias definidas anteriormente: sentimiento y conciencia. De la Nada, los contrarios; los contrarios son el ser, y el ser y el ser tiene sentimiento y conciencia. La creación lo es de los contrarios, lo es del ser. No hay ninguna figura intermedia, como propone la Ciencia. No hay creación de una estructura a partir de la información, exclusivamente. Hay creación de un ente dotado de estructura (información) y de sentimientos, indisoluble e indefectiblemente unidos.